Cuando hablo con personas acerca de su relación con el Señor, tarde o temprano llega el momento durante la conversación en que pregunto: ¿Has nacido de nuevo? Seguido me doy cuenta de que muchos no están seguros de lo que significa nacer de nuevo. Otros se sienten seguros de su relación con Dios pero se preguntan, ¿Cómo puedo alentar a un amigo que duda de su salvación?

Jesús mismo nos definió lo que significa nacer de nuevo. La frase nacer de nuevo en su sentido literal significa nacer de arriba. Jesús explicó estas palabras cuando dijo que cada uno de nosotros debe nacer del Espíritu. Después en el siguiente versículo Él usó la frase “nacido de arriba” (Juan 3:6 -7). En otras palabras, Jesús da a entender que así como tuviste un nacimiento físico cuando entraste a este mundo, también debes tener un nacimiento espiritual para tener una relación con Él. Por lo tanto, el nacimiento de arriba significa que has iniciado una nueva relación con Dios por medio del Espíritu Santo que llena a toda persona que cree en Cristo. El Espíritu llega a tu vida, te renueva y te transforma en una nueva persona.

Además, Jesús enseñó dentro del mismo contexto que esta nueva relación con Dios comienza cuando la persona decide creer en Él (Juan 3:15 -18). El acto de creer da lugar a que los hombres y mujeres ya no sean condenados a muerte, ya sea la muerte espiritual ahora o la separación de Dios después de la muerte física. El acto de creer cambia todo eso y permite que la persona empiece a experimentar no solo una vida verdadera actual sino también la vida eterna después de la muerte.

Por lo tanto, nacer de nuevo significa que posees la vida eterna. Estás salvo de la ira venidera y tus pecados son perdonados porque crees en Jesús. A una persona que vuelve a nacer también se le llama converso. Estudia estos otros pasajes que también describen esta experiencia de volver a nacer. Véase Mar. 1:15; Mat. 18:3,4; 2 Cor. 5:17; Rom. 10:9-13; Hechos 3:19.

¿Qué tan importante es este asunto?
Jesús usó esta expresión nacer de nuevo cuando habló con Nicodemo, en Juan 3:1-20. En este pasaje Jesús estableció lo importante que es este asunto para toda la humanidad.

Le dijo a Nicodemo, “tienen que nacer de nuevo” (Juan 3:7). Debe notarse que Jesús no consideraba opcional el volver a nacer. Él no dijo, “si crees que sea necesario” o “si lo deseas”. Él dijo que tienes que nacer de nuevo o de otra manera no podrás entrar al Reino de Dios. Por lo tanto este no es un asunto insignificante en tu vida. La cuestión
de que si has vuelto a nacer o no es un punto fundamental con respecto a tu destino eterno. ¿Estás absolutamente seguro de que has vuelto a nacer?

¿Cómo puedes estar seguro de que has nacido de nuevo?
¿Cómo determina una persona concluyentemente que él o ella verdaderamente ha nacido de nuevo? La certeza de este hecho no se puede determinar en base de cómo se sienta la persona o en lo que enseñe una organización religiosa. Hay tres cosas que debes preguntarte para determinar concluyentemente si has vuelto a nacer. ¿Crees lo que la Biblia enseña sobre Jesús? ¿Concuerda tu conducta con estas verdades? ¿Hay fruto en tu vida que manifieste tu fe y tu vida transformada? La Biblia claramente expone varias cosas que debes creer acerca de Jesús si deseas tener una relación con Él. De la misma manera, las Escrituras indican claramente que tendrás que actuar de cierta manera si tienes una fe verdadera en la Palabra de Dios porque, “la fe sin obras es estéril” (Santiago 2:20). Cuando crees y actúas con fe verás un fruto muy particular que confirmará que tu fe es verdadera.

Ahora examinaremos estos tres principios y determinaremos qué es lo que enseña la Palabra de Dios acerca de estos temas para que puedas entender este asunto mejor.

Preguntas a contestar
1. ¿Crees lo que la Biblia declara acerca de Jesucristo?

En el evangelio de Juan 3:16 Jesús declara que todo aquel que en Él cree no morirá sino que tendrá vida eterna. Por lo tanto, para poder heredar la vida eterna debes creer ciertos hechos muy peculiares acerca de Jesús que se encuentran en la Biblia.

a. ¿Crees que Jesús es el Cristo y el Hijo de Dios?

En 1Juan 5:1, Juan declara “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios.” ¿Qué significa la palabra Cristo? Cuando Jesús estaba con sus discípulos en Mateo 16: 13 – 19, Él le preguntó a Pedro, “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Pedro respondió, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Fíjate cómo Pedro relaciona al Cristo con el Hijo del Dios Viviente. El Cristo es el Hijo de Dios. Jesús asienta que Pedro tiene razón y que el Padre le ha revelado esta verdad.

Además cuando Jesús se le reveló a la mujer del pozo en Juan 4:25 -26, ella reconoció que el Cristo era el Mesías prometido en las Escrituras del Antiguo

Testamento. Jesús dijo, “Yo soy, el que habla contigo.” Así que el Cristo se refiere al Mesías que es el Hijo de Dios. ¿Crees tú esto?b.

¿Crees que Jesús es el Salvador del mundo?

En 1 Juan 4:14, pon atención a cómo Juan enseña algo muy específico sobre su fe: “Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió al Hijo para ser el Salvador del mundo.” Además cuando el ángel se le apareció a José, él declaró el ministerio fundamental de Jesús: “y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Jesús estaba destinado a ser el Salvador del mundo. No solo un salvador pero El Salvador. Solo puede haber un Salvador del mundo. Tú debes creer que Jesús es una persona singular.

Muchas veces cuando compartimos con otras personas nuestra experiencia con Cristo, ellos dicen, “Creo en Jesús pero también creo en el poder redentor de Buda, Confucio o Mahoma,” o cualquier otro líder religioso del pasado. Esta declaración en esencia invalida la fe en Cristo. Para creer en Cristo debes creer que Él es el único Salvador. El creer que existen otros salvadores contradice el término Salvador del mundo y anula las aserciones de Cristo.

c. ¿Crees que Jesús es el único camino hacia Dios?
En Hechos 4:12, Pedro estableció que precisaba creer que Jesús era la única vía a Dios cuando dijo “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” Pedro pone en claro que él creía que Jesús era el Hijo unigénito de Dios y que Él era el “único” Salvador del Mundo. Esto significa que tú no puedes clamar al nombre de Buda, Confucio o Mahoma entrar en la presencia de Dios. Hay un solo nombre, el Nombre de Jesús, que permite que el hombre pueda venir ante el Padre.

Pedro aprendió esta verdad de Jesús mismo. Jesús lo dijo muy claro cuando enseñó: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). No es posible creer que hay muchos caminos que nos llevan a Dios sin contradecir lo que dijo Jesús. Si dices que crees en Jesús, entonces tienes que creer en Su testimonio de que Él es el único camino al Padre. La única alternativa sería creer que Jesús era un mentiroso. No puedes creer lo que quieres sobre Jesús, tienes que creer lo que Él enseñó sobre sí mismo y sobre Su relación con el Padre.

d. ¿Crees que Jesús es Dios en forma humana?
Jesús fue mucho más que un buen hombre o un ángel. La Biblia declara que Jesús es el Dios-hombre. Nota las pruebas que se encuentran sobre este hecho en las Sagradas Escrituras.

En Miqueas 5:2 la Palabra de Dios enseña que el Mesías sería “desde los días de la eternidad”. Era una persona que procedía de un pasado eterno, desde los días de la eternidad. Este pasaje revela que el gobernante venidero de Israel debería poseer un atributo que solo Dios posee, el ser eterno. Solo Dios “mora en la eternidad” (Is. 57:15). Él es “el Dios eterno, el Señor, el creador de los confines de la tierra” (Is. 40:28). Además, esta profecía poco conocida también nos indica que el Mesías nacería en Belén. El profeta dijo, “pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2).
En Romanos 10:9, Pablo revela que es esencial creer y confesar que Jesús es Señor. “Si confiesas con tu boca a Jesús por Señor”, literalmente que Jesús es Señor, “y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”. El confesar con tu boca y creer en tu corazón que Jesús es Señor es reconocer que él es Dios. ¿Cómo puedes estar seguro de esto? La epístola de Filipenses 2:10-11, enseña que Dios lo exaltó para “que al nombre de Jesús se doble toda rodilla...y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor”. Es interesante ver cómo Pablo hace referencia al Antiguo Testamento al citar este pasaje de Isaías 45:23. Si leemos el contexto entero en Isaías veremos que el doblar la rodilla y confesar este juramento se reservaba para Dios, el Salvador del mundo. Si Jesús no fuese Dios, Pablo blasfemaría al usar este pasaje en referencia a Jesús. ¿Es esto lo que tú crees y le confiesas a otros? ¿Crees tú que Él es el Cristo, el Salvador del mundo, el Señor y el mismo Dios que vino del Cielo en carne y hueso?

Otra prueba es Tomás. Después de encontrarse con Cristo resucitado, él ya no dudó de que Él fuera Dios. Tomás dudó solo hasta el momento en que vio a Jesús cara a cara. Cuando Jesús se le apareció, cayó a Sus pies y exclamó, “¡Señor mío y Dios mío!” (Juan 20:28). No había duda en su mente que Jesús era Dios en carne humana. Al igual que Tomás, si tú crees también debes hacer reverencia, caer a Sus pies y confesar lo mismo. Una entrega como esta es lo que significa creer en Jesús.

Jesús también afirmó explícitamente ser Dios. En Juan 8:24 Él dijo “Porque si no creen que YO SOY, morirán en sus pecados.” Por lo tanto Jesús declaró que es imprescindible creer que Él es el gran YO SOY o de otra manera moriremos en nuestro pecado. En Éxodo 3: 13 -15, cuando Dios se le apareció a Moisés en la zarza ardiente, él le preguntó a Dios, “¿Cuál es tu nombre?” Dios declaró, “YO SOY EL QUE SOY...este es mi nombre para siempre...de generación en generación.” Incluso Jesús afirmó ser el gran YO SOY varias veces. Cuando lo hacía, los fariseos entendían exactamente lo que Él afirmaba. En varias ocasiones levantaron piedras para apedrearlo porque ellos entendían que Él afirmaba ser Dios. Lee Juan 8:57 – 59; Juan 5:17 -18; Juan 10:29 – 33. ¿Crees tú que Jesús es Dios?

2. ¿Has demostrado tu fe?
Una vez que decidas lo que crees acerca de Jesús, debes preguntarte si has demostrado tu fe. La fe no tiene valor a menos que pongas de manifiesto lo que crees. Así que aplica las siguientes preguntas a tu situación personal.

a. ¿Has confesado tu pecado y te has arrepentido?
Jesús combinaba el acto de arrepentirse con el de creer cuando predicaba el evangelio. Él declaró: ”arrepiéntanse y crean en el evangelio” (Marcos 1:15). El arrepentimiento conlleva la confesión de los pecados ante Dios y ante las personas a las que has ofendido (1 Juan 1:9) (Santiago 5:16). El arrepentimiento también requiere que cambies completamente y que dejes todas aquellas actividades impías en que te has involucrado y que empieces a portarte de una manera piadosa (Hechos 26:20). Si una persona no deja el comportamiento pecaminoso está negando su profesión de fe. Pablo explica que algunos “profesan conocer a Dios pero con sus hechos lo niegan” (Tito 1:16).

b. ¿Has invocado el nombre de Jesús y lo has recibido por fe?
En Romanos 10:13 está claro que, “Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo.” Si tú tienes fe eso es lo que harás. Al invocar Su nombre también tendrás que recibirlo personalmente en tu corazón. Presta atención cómo de nuevo en las Escrituras se combina la acción de creer con la acción de recibir a Cristo personalmente: “Pero a todos que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre” (Juan 1:12). Por lo tanto, tus acciones deben demostrar tu fe para ser salvo. ¿Has demostrado tu fe con el arrepentimiento por tus pecados? ¿Lo has invocado a Él, confesándole tus pecados y pidiéndole Su perdón? ¿Lo has recibido personalmente en tu vida? Si lo has hecho, puedes estar seguro de que has nacido de nuevo.

c. ¿Lo has confesado abiertamente ante otras personas?
Jesús dijo muy claramente que si una persona cree en Él actuará en consecuencia. “Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33). Si tú crees en Jesús tienes que defender tu fe en Él ante los hombres. Si no tomas esta medida de fe y no Lo confiesas ante los hombres, Jesús no te confesará como uno de los Suyos.

3. ¿Muestras tu fe con el fruto de una vida transformada?
Pablo explica que una vida transformada es la prueba esencial de que una persona verdaderamente está en Cristo. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí son hechas nuevas” (2 Cor. 5:17). Las palabras son hechas indican el tiempo perfecto. El tiempo perfecto describe una acción completada en el pasado con resultados continuos. Así que cuando creímos en Cristo nos convertimos en una nueva creación, pero Dios continúa transformándonos para que un día lleguemos a conformarnos totalmente a la imagen de Cristo. ¿Cuáles son algunos cambios que comprueban que eres una nueva creación en Cristo Jesús?

a. Tendrás una nueva conciencia del pecado.
El mejor ejemplo de esta conciencia del pecado se encuentra en la vida de un hombre llamado Zaqueo. Jesús conoció a Zaqueo y le pidió que le permitiera ir a su casa. Este hombre era el jefe de los recaudadores de impuestos en la ciudad de Jericó y tenía fama de ser un gran pecador. Sin embargo, después de que Jesús ministró a Zaqueo, éste experimentó un cambio de corazón maravilloso. Zaqueo dijo: “Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguien, se lo restituiré cuadruplicado.” Jesús responde: “Hoy ha venido la salvación a esta casa.” (Lucas 19:8,9). Jesús acepta esto como evidencia de la salvación de este hombre. Zaqueo inmediatamente reconoció el mal que había hecho y lo que tenía que rectificar. Él quería regresar, lo más pronto posible, todo lo que se había robado. De la misma manera algo semejante ocurrirá en tu vida. Tendrás un nuevo sentido de lo que es correcto e incorrecto y tendrás un nuevo deseo de corregir las ofensas del pasado.

b. Aborrecerás lo malo y amarás lo bueno.
David dijo, “Los que aman al Señor, aborrezcan el mal” (Salmo 97:10). Aborrecer lo malo es el resultado natural para el que vive en Cristo. Si tú amas al Señor, aborrecerás lo malo. Si Lo amas aborrecerás lo que Él aborrece y amarás lo que Él ama. No puedes amar lo malo y amar al Señor. De hecho, entre más ames al Señor, más aborrecerás lo malo. Es necesario que veas este cambio en tu vida.

c. No practicarás la inmoralidad, sino más bien, actuarás con rectitud.
El cambio en tu corazón producirá frutos espirituales. Juan declaró: “Si saben que Él es justo, saben también que todo el que hace justicia es nacido de Él” (1 Juan 2:29). Esta declaración está muy clara. Si has nacido de Dios, debes practicar la justicia. Juan presenta como contrapeso la siguiente declaración en 1 Juan 3:9: “Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él. No puede pecar porque es nacido de Dios.”

Posiblemente estés pensando, ¡un momentito por favor! Yo peco. ¿Acaso no soy nacido de Dios? Las palabras practica el pecado denotan el tiempo presente lo cual significa una conducta pecaminosa continua. En este pasaje Juan se refiere a la decisión deliberada de seguir practicando el pecado sin arrepentimiento. Juan enseña que si una persona ha nacido de Dios, no podrá practicar el pecado y la inmoralidad continua y deliberadamente.

Tal vez te estés preguntando, ¿cómo está eso de la inmoralidad? ¿Qué es el pecado? Pablo explica los actos inmorales que un creyente debe evitar si quiere que se le considere un cristiano: “¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se dejen engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. Y estos eran algunos de ustedes; pero fueron lavados, pero fueron santificados, pero fueron justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1 Cor. 6:9-11). Pon atención al hecho de que Pablo afirma que los Corintios se habían comportado de esa manera. Pero ya que habían sido justificados, habían cambiado su comportamiento. Si alguien continúa practicando estos pecados, se equivoca si cree tener una buena postura y relación con Cristo.

d. Tendrás una convicción interior del Espíritu Santo.
Muchos pasajes bíblicos describen esta convicción interior del Espíritu Santo. Juan explica que esto comprueba que permaneces en Él. “El que guarda Sus mandamientos permanece en Él y Dios en él. Y en esto sabemos que Él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado” (1 Juan 3:24). Pablo también agrega, “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Rom. 8:16). Ten por seguro que ninguna persona puede darte esta convicción. Solo el Espíritu Santo puede darte esta convicción interior que proviene tanto de las declaraciones objetivas en la Palabra de Dios como del fruto visible en tu comportamiento.

Sin embargo, algunas veces el cristiano batalla con este punto simplemente porque no entiende lo que las Escrituras enseñan (Col. 2:2). En otras ocasiones, la persona no tiene una plena certeza de su fe porque carece de un entendimiento completo de la Biblia (Heb. 10:22). Esta convicción interior procede de un entendimiento completo que a su vez produce la certeza de la fe.

e. Experimentarás una lucha interior contra tu naturaleza pecaminosa.
El apóstol Pablo describe esta lucha contra el pecado en el interior de su propio corazón. Él dijo que las cosas que aborrecía eran justamente las cosas que hacía. En otras ocasiones, las cosas que quería hacer no las podía hacer. Él estaba dispuesto a hacer lo correcto según la Palabra de Dios, pero no lograba hacerlo. “Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno. Porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no” (Rom. 7:18).Esta no es ni la declaración ni la experiencia de una persona no cristiana. Con la excepción de un pequeño cosquilleo de conciencia, para el no cristiano no existe ningún conflicto con la vida pecaminosa. Los no creyentes sentirán empujoncitos de conciencia, pero rápidamente racionalizan el asunto y lo olvidan. Sin embargo para ti como cristiano, se arma una gran batalla interna sobre la cuestión del pecado. A veces la lucha interna se encarniza y pierdes la batalla. La única razón por la cual perdemos esta lucha interior es porque no estamos cediendo al poder del Espíritu Santo. Por eso es que perdemos. Sin embargo, si a veces notas una verdadera lucha en tu interior, se debe a que tienes dos naturalezas opuestas que luchan por el control. Esto es normal. Como dijo Pablo: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que ustedes no pueden hacer lo que deseen” (Gal. 5:17). Si esta es tu experiencia es una buena prueba de que tú has nacido de nuevo.

f. Desearás servir a Dios y al prójimo.
Jesús dijo que: “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24). Si Jesús se ha convertido en tu Señor, desearás servirle y serás leal a Él. Lo primero que salió de la boca de Pablo al encontrarse con Jesús rumbo a Damasco fue “Señor, ¿qué deseas que yo haga?” Jesús respondió: “levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9:6). ¿Estás dispuesto a hacer lo mismo tú?

Es más, cuando te conviertes en el siervo de Cristo, te resultará natural amar y servir a los demás. Pablo nos enseñó que lo que vale es “la fe que obra por amor” (Gal. 5:6). Si nos amamos los unos a los otros, esto comprueba que somos Sus
discípulos (Juan 13:34,35). Juan ordenó: “Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor” (1Juan: 4:7,8). Si tú has nacido de nuevo por el Espíritu de Dios, amarás a los demás.

Por lo tanto, ¿crees lo que las Escrituras declaran acerca de Jesús? ¿Has manifestado tu fe en el Señor recibiéndole en tu corazón? ¿Hay fruto en tu vida que comprueba que eres creyente? Si estas cosas son ciertas entonces puedes sentirte confiado de que has nacido de nuevo.

Si aun no estás seguro de tu condición espiritual, te animo a que, en oración, repases y examines cada una de estas cuestiones y le permitas a Dios dirigirse a tu corazón. No vendría mal regresar al principio y volver a orar la oración del pecador. Si eres creyente, toma acción ahora mismo y presenta tu oración a tu Padre Celestial. Si deseas orar, permíteme guiarte en esta oración: “Padre, creo en el testimonio de Tu Palabra. Ahora reconozco que soy un pecador al haber quebrantado tu ley y que necesito tu perdón. Señor, perdóname. Creo que tú enviaste a Tu Hijo por mí. Creo que Él vino y murió en mi lugar. Jesús, entra en mi corazón. Apodérate de mi vida. Límpiame de mi pecado y lléname en este momento de Tu Espíritu Santo. Transfórmame. Quiero seguirte y ser tu discípulo. ¡En el nombre de Jesús!
Revisado 8-2009

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Be assured that His love for you is more than just words in some book that say "I love you." He has proven His love for you by demonstrating it before the eyes of all men.

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There are two things you need to know once you’ve asked Jesus to take over your life. First, you need to understand what has just happened to you. Second, you need to know what the next steps you should take to begin growing in your Christian walk.

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